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Estamos en el lobby del hotel que nos alojó en nuestras aventuras porteñas. Un sofá te regala momentos de descanso y alivio para esas piernas que hoy son asistidas por un elegante pero firme bastón.

Almas Gemelas

Alguna vez el cielo fue testigo de nuestra juventud, de nuestras largas caminatas por Buenos Aires planeando el futuro juntos. Hoy el hijo del cielo nos descubre en esas mismas calles a pesar de las arrugas que intentan disfrazar en vano nuestras almas gemelas.

El dolor en nuestros huesos ya no duele. El cansancio de nuestras piernas ya no nos cansa. Las interminables charlas nos interesan cada vez más. Simplemente porque somos un alma eterna en dos cuerpos erosionados por una maravillosa vida juntos.

Dedicado a mi esposa Paola Navarro.